martes, 26 de mayo de 2020

La imaginación sociológica: la promesa

La imaginación sociológica: la promesa

Universidad de Guadalajara: Lic. en Sociología
Isaac de J. Palma Córdova
26-05-20

“¿Es la gran teoría mera palabrería confusa, o hay algo en ella, después de todo? La respuesta, creo yo, es la siguiente: Hay algo, enterrado muy profundamente, desde luego; pero algo dice, a pesar de todo”.


El otro día me quebré: ¿De que servía tanto estudio si no podía compartirlo? ¿Qué sentido tenía tantos desvelos leyendo si nadie me escuchaba? ¿Qué carajos queremos decir cuando decimos “el conocimiento por el conocimiento”? ¡¿Es en serio?! ¿Qué pretendemos con tal jalada?  La sociología  no tiene que ser “útil” para el capital, pero debe ayudar y servir para algo. Verdaderamente, me sentí desconcertado con mis estudios de los últimos  tres años.  El problema radica en que verdaderamente llegué a pensar en que la sociología debía ubicarse bajo el principio de “conocimiento por el conocimiento” pero… ¿Qué sentido tiene?


Antes de seguir con mi reflexión, contaré brevemente mi anécdota causal de mi breakdown. Me parece que estaba leyendo algo muy emocionante sobre sociología,  entonces mi madre me llamo porque la comida ya estaba hecha. Yo con la mente en la lectura, llegué platicando lo que había leído. Dadas las condiciones de la cuarentena, mis hermanos también estaban presentes, pero nadie me escuchó. No recuerdo si yo estaba hablando de manera muy abstracta o simplemente ellos no me querían escuchar pero el punto es fue un mensaje emitido sin receptor alguno. Por lo general, comparto con mis colegas sociólogos en la universidad, pero con el distanciamiento social esa posibilidad se ha desvanecido.

Entonces estaba solo con mi conocimiento ¿Y para qué? Es decir, obviamente no era la primera vez que me pasaba, de hecho, me ha sucedido innumerables ocasiones. Mas, nunca había caído en cuenta de que anteriormente aquello no me importaba. Un sentimiento de extraña “soledad intelectual” ¿Con quién hablar de semiótica o lingüística? ¿Con quién analizar el discurso político que permite la militarización del país? ¿Con quién discutir los roles de género asociadas con la división del trabajo doméstico? O bien, ¿con quién discutir el concepto de “nueva normalidad”? Ahí estaba yo, solo con mis pensamientos. Pude mandarle mensaje a alguien pero que hay de mis cercanos, que hay de mi familia como podría comunicarles los temas que más me apasionaban.  Finalmente, todo ser humano busca ser escuchado.


Desde hace tiempo tengo la idea de ser maestro y compartir mi “bien ignorado conocimiento”. Creo que en la docencia encontraré la forma de mantenerme haciendo lo que me gusta: aprender y crear. Mi madre es docente, por lo que sé que no es una profesión muy bien remunerada pero si muy grata y honorable, al menos desde mi parecer. La cuestión con el educador es tener la capacidad de enseñar ¿Cómo transmito conocimiento? Es aquí donde recurro a Wright Mills no solo para redefinir y reconfigurar el sentido de mi labor académica, sino también como evaluación de la misma.


La sociología, siendo una disciplina tan crítica, debe bajar de su pedestal “intelectual”. La sociología debe acercarse a las personas y traerle respuestas a la realidad que enfrenta, que habita. Si seguimos la línea marxista y creemos que la filosofía (o la ciencia) debe servir para transformar  nuestro mundo, lo primero que deberíamos hacer es hacer de esa ciencia algo comprensible. Establecer ese puente de comunicación entre la sociología y la experiencia cotidiana de los individuos.


Esta es la promesa que Wright Mills nos hace. Una sociología que abandone todo su caparazón técnico, revoltoso, laberíntico y elitista, inclinándose más bien por una disciplina que ayude a los humanos a entender (su realidad) y entenderse (así mismos). Se trata de volver a los análisis sociales clásicos que “su característica esencial es el interés por las estructuras sociales históricas; y que sus problemas tienen una relación directa con los urgentes problemas públicos y las insistentes inquietudes humanas” (Mills, 1959).  Por lo que, el sentido de nuestra labor es ayudar a comprender los problemas de la modernidad, desarrollando  la imaginación sociológica.


Pero, en pocas palabras, qué es la imaginación sociológica: Es una cualidad que “permite a su poseedor comprender el escenario histórico más amplio en cuanto a su significado para la vida interior y para la trayectoria exterior de diversidad de individuos”.  Por lo que, nos permite enlazar los problemas que aparentemente son personales con problemas públicos o  sociales. “Ni la vida de un individuo, ni la historia de una sociedad se pueden comprender sin ambas”. (Mills, 1959)


Por lo que el sentido de nuestra labor puede ser guiado por el postulado de la imaginación sociológica. En este sentido (y de aquí se desprende mi propuesta)  que puede funcionar como punto de referencia para medir nuestro desempeño como sociólogos. Nuestro éxito debe ser medido si nuestras investigaciones pueden contribuir a esa comprensión de la experiencia humana.  Es decir,  por ejemplo, dentro de mi casa apenas y les he podido explicar la explotación generada por el sistema capitalista, y eso solo porque se evidencio con el COVID-19, por lo que mi quehacer como sociólogo es aun pobre. En cambio, cuando le pude explicar a mi madre, en una breve ocasión, la experiencia de “cosificación” o “reducción funcional” dentro de su trabajo,  porque era proceso que proviene de la segunda revolución industrial a causa de una progresiva tecnificación, además de una constante especialización laboral que la dejaba finalmente como un peón adaptable a las necesidades de la institución educativa donde trabaja, podría decir que mí trabajo ha gozado de cierto éxito con respecto al objetivo de mí labor. Es ahí donde mi conocimiento vuelve a tomar sentido y puedo decir que no es pura  abstracción, sino que tiene un propósito y una misión muy específica que abre la posibilidad de un cambio.


Mi abuelo era maestro en matemáticas y dice que la prueba del dominio de un tema es poder transmitirlo. Por mi parte, considero en que no solo basta con transmitirlo, sino que, además, es justo darle un sentido a ese conocimiento. Dar sentido, eso importa. En suma, prometo poner mis estudios al servicio de los que me rodean dando así la posibilidad de pensar y observar la realidad social de una forma diferente.  

Bibliografía

Mills, W. (1959). La imaginación sociólogica . Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.

Thorpe, C., Yull, C., Hobbs, M., Todd, M., Tomley, S., & Weeks, M. (2016). El libro de la sociología. China: Penguin Random House.

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