martes, 26 de mayo de 2020


Las otras experiencias de la maternidad 


Isabel Domínguez Álvarez 


En la actualidad se ha luchado por problematizar los roles y los estereotipos de género sobre todo aquellos que no permiten que las mujeres tengan un libre desenvolvimiento. Si bien algunos estigmas que recaen sobre la figura femenina se han cuestionado y poco a poco eliminado otros permanecen a pesar del tiempo. La maternidad como construcción social está llena de símbolos que usualmente no son cuestionados por lo que es indispensable visibilizar las experiencias de las mujeres con la condición de madres que no se encuentran dentro de la maternidad hegemónica. Definiendo la maternidad hegemónica como la construcción social de la maternidad en un contexto socio-cultural específico, visualizándolo como un modelo de maternidad donde las mujeres madres se sientes satisfechas, provén de amor incondicional a sus hijas o hijos, son abnegadas y disfrutan plenamente de su maternidad. En el presente ensayo se plantea conocer que la maternidad es compleja ya que no es una sola y no se vive de la misma manera, ya que no todas las mujeres viven la maternidad en el mismo contexto. La raza, la clase social, la orientación sexual, el estado civil, la escolaridad, la situación laboral, la religión, la edad, el número de hijos e incluso las circunstancias que las llevaron a  convertirse en madres son algunos de los factores que convierten la maternidad en una experiencia subjetiva pero que al mismo tiempo es social.
El destino de las mujeres
Es considerado socialmente que la capacidad biológica de las mujeres de engendrar, parir y amamantar viene acompañada de un instinto maternal natural y por lo tanto de la capacidad de cuidar y criar hijos e hijas.  El cuerpo y la maternidad están estrechamente relacionados ya que una buena parte de la validación de que existe un “instinto maternal” que tarde o temprano se desarrollara en todas las mujeres biológicamente capaces de tener hijos (e incluso las que no), radica en que las mujeres son las que tienen la obligación de seguir reproduciendo a las futuras generaciones y así perpetuar la especie humana, sin embargo el discurso biologisista acerca a las mujeres a la condición animal. Al parecer la misma explotación que obliga a las hembras de otras especies a concebir y parir la perciben las hembras humanas.
A las niñas desde pequeñas se les educa para ser madres, a partir de los juegos, juguetes, la publicidad, los cuentos, el mensaje es que el destino de las mujeres es ser madre y que eso no tiene por qué ser cuestionado. En la propia celebración del día de las madres se suelen regalar electrodomésticos descartando a las mujeres madres como sujetos independientes del trabajo doméstico y el cuidado. Esta problemática pasa desapercibida la mayoría de las veces ya que por años se ha normalizado la imposición de la maternidad.
Maternidad Hegemónica
Existe un modelo de maternidad que se presenta como predominante en el imaginario colectivo, en el que se asegura a las mujeres que bajo la condición de madres van a sentirse completas, realizadas e incluso se promete que con un hijo en brazos se puede llegar a superar la orfandad y malas condiciones. En este modelo las madres deben de dar todo por sus hijos, ser amorosas, abnegadas, dedicadas al cuidado y aunque pasen por dificultades e incluso su maternidad no sea deseada nunca deben de arrepentirse de su condición porque para la sociedad “ser madre es lo mejor que le puede pasar a una mujer”.  Este modelo es parte de  maternidad ha mitificado y cargado de símbolos la figura de la madre, creando un imaginario colectivo en la que las madres tienen la obligación de tener determinadas características para considerarlas aptas.
La construcción social de la maternidad ha normalizado que las mujeres no cuestionen la maternidad ni antes ni después de tener hijos. Incluso es difícil hablar sobre los motivos que inclinaron a las mujeres a tomar la condición de madres.
 El trabajo que implica ejercer la maternidad 
Los seres humanos dependemos de nuestra madre desde el primer momento de nuestras vidas. Las mujeres madres obtienen nuevas responsabilidades pero no solo eso, sino que su mente y  cuerpo cambian para siempre.
El convertirse en madre es ser para otros, pues el trabajo maternal exige ser consciente de las necesidades de los hijos y priorizarlas ante todo. La maternidad es una condición que durara toda la vida y al contrario de la paternidad (porque a los padres si se les permite ausentarse) no se encuentran momentos de descanso, a pesar de que los hijos e hijas ya no estén con su madre, procurar su cuidado es una contante. Las madres no se dedican únicamente a satisfacer las necesidades físicas de los hijos también dedican su tiempo a enseñarles respecto a  la vida social “si bien la reproducción biológica se sabe compartida por ambos sexos, la reproducción social se asume como la responsabilidad de las mujeres” (Palomar, 2004). El trabajo maternal no solo implica el cambio en el cuerpo y la mente de las mujeres sino que también involucra una entrega total a otro ser humano desde que nacen los hijos o hijas.  
Ambivalencia maternal   
Como toda experiencia, la maternidad también provoca sentimientos de ambivalencia. Que las madres sientan emociones o sentimientos opuestos no quiere decir que no disfruten de la maternidad, precisamente se trata de una  experiencia  que no se disfruta todo el tiempo “son muchas las que, con distintas edades y niveles económico-sociales dan cuenta de un malestar innombrable: la frustración que sienten frente a la maternidad” (Burin, s.f.). De acuerdo con a lo que se dijo anteriormente el trabajo maternal es sumamente exhaustivo, también provoca dudas y desilusiones.
Si bien socialmente es aceptado que en la maternidad se viven momentos que no son tan satisfactorios también se considera que todo sacrificio materno vale la pena, un dictado social que no permite la queja de las mujeres madres pues se termina legitimando que todo sufrimiento vale la pena si se es madre porque precisamente esa es la “naturaleza” de las mujeres en esa condición.
Arrepentimiento, una palabra que no existe para las madres   
La ambivalencia y el arrepentimiento son emociones distintas. Está claro que las madres no siempre disfrutan de su maternidad y que existe la ambivalencia, sin embargo no todas las mujeres están arrepentidas de su maternidad. El arrepentimiento en algunos aspectos de la vida como en el derecho se contempla como algo virtuoso, quiere decir que quien cometió una pena esta consiente de su delito, pero para las madres es distinto. Arrepentirse de ser madre es tener el deseo de volver atrás y cambiar la condición de madre a la condición de madre de nadie. Para la sociedad suena escandaloso e incluso puede ser que consideren que las madres arrepentidas son monstruosas, mujeres desnaturalizadas aún más egoístas que las propias mujeres que no quieren ser madres. Antes de condenar a las mujeres arrepentidas de su condición de madres la sociedad tendría que estar consciente de que una mujer a pesar de estar arrepentida de ser madre puede amar a sus hijos pero también que cuestionar la maternidad no es común en una sociedad como esta.
Es difícil para las madres decir que están arrepentidas cuando la sociedad les exige que callen, porque las madres arrepentidas están enfermas ya que se ha reglamentado la maternidad según los estereotipos de género y la maternidad hegemónica. Algunas mujeres manifiestan que si pudieran regresar el tiempo no cambiarían su condición de madre y es válido aunque posiblemente ni siquiera se permiten hablar del arrepentimiento, no obstante ¿Cuántas madres se sienten arrepentidas en cuanto a su maternidad y se ven obligadas a callar?
Buena madre, mala madre
La maternidad está dividida en dos partes complementarias pero separadas, existen dos tipos de madres: las buenas y las malas “se les dicta desde el punto de vista social cómo deberían de llevar la relación con sus hijos para ser consideradas “buenas mujeres” y “buenas madres”, como personas y seres morales” (Donath, 2016) mientras que se categorizan como malas madres a las mujeres que no atienden el mandato moral. Sabemos que las madres pueden lastimar a sus hijos e hijas no solo físicamente también psicológica y emocionalmente inclusive pueden llegar a matarles pero la sociedad no considera únicamente a las mujeres que dañan a sus hijos como malas madres. Asimismo las madres que ejercen la maternidad fuera de la normatividad son consideradas como malas madres.
La dicotomía que representa la “buena madre” y la “mala madre” está directamente relacionada con la construcción social de la maternidad aunque se encuentren solas para criar a un hijo la sociedad siempre estará pendiente de cómo se comportan, si son buenas o malas madres convirtiendo la maternidad en una experiencia difícil que no solo es subjetiva sino que también tiene una parte social.
Condiciones subjetivas de la maternidad
La maternidad es una experiencia subjetiva, cada mujer vive un proceso diferente como madre. Las mujeres con condición de madres se encuentran en diferentes contextos lo que implica que su maternidad sea más o menos sencilla. No es lo mismo para una mujer de clase baja que tiene que trabajar y dedicarse al cuidado todos los días sin descanso que una mujer de clase alta que puede pagar quien cuide a sus hijos y haga el trabajo doméstico. El estado civil y la edad en la que se convierte en madre una mujer solo es una parte crucial para entender el proceso subjetivo que vivieron ya que tuvieron más o menos ayuda e incluso más responsabilidades. 
Condiciones sociales de la maternidad
La maternidad además de ser una experiencia subjetiva también es una experiencia social, la sociedad está en constante vigilancia de la labor de la crianza, el cuidado y de los sentimientos de las madres y de sus hijos.
Las mujeres se sientes presionadas por la sociedad para comportase de una manera específica con sus hijos “es cierto que la madre sirve a los intereses del patriarcalismo: así, ejemplifica en una sola persona la religión, la conciencia social y el nacionalismo. La maternidad institucionalizada revive y renueva todas las demás instituciones” (Rich, 1986) y eso es lo que intenta la sociedad al presionar a las mujeres madres reproducir los sistemas y las instituciones sin permitir a las mujeres tomar sus propias decisiones en la educación y crianza de los hijos ya que como responsables tienen que reproducir los dictados sociales.   
Conclusión
El mito de la maternidad y el modelo de maternidad hegemónica no permiten que las mujeres tomen decisiones libres sobre sus cuerpos y vidas sin ser juzgadas, las mujeres tienen que cargar con más responsabilidades morales y sociales que los hombres, entre ellas se encuentra el ser una “buena madre” un trabajo que dura toda la vida. Socialmente la maternidad debe de ser cuestionada y reflexionada además de considerada como una opción y no una imposición. Hace falta que más mujeres cuenten sobre su experiencia siendo madres para conocer más contextos en los que se puede vivir esta condición. El propósito no es cambiar unos estereotipos por otros sino permitir que las mujeres decidan libremente sobre sus cuerpos y que las madres tengan la oportunidad de criar  y cuidar a sus hijos como creen conveniente. La sociedad en conjunto así como la familia y las parejas de las mujeres  deberían de cambiar y dejar de estigmatizar a las madres que sientes emociones ambivalentes o arrepentimiento al mismo tiempo que la maternidad no debería de ser una condición que oprima a las mujeres. Es indispensable que el cuidado y la crianza no recaigan en una sola persona ya que esto puede contribuir a lograr una sociedad más justa.  
  
Bibliografía  

Burin,M. (Sin fecha). Compartir la experiencia maternal permite crear vínculos más saludables entre la madre y sus hijos. Mayo 19, 2019, de La Jornada Sitio web: https://www.jornada.com.mx/2004/03/01/articulos/67_maternidad.htm  
Chodorow, N. (1980).Maternidad dominio masculino y capitalismo. En Patriarcado capitalista y feminismo socialista (pp.102-124). México: Siglo XXI.
Donath, O. (2017).Caminos a la maternidad: lo que dicta la sociedad. Madres arrepentidas pp.60-61. Ciudad de México: Litografía Indamex.
Palomar, C. (Octubre, 2004). "Malas madres”: la construcción social de la maternidad. Debate Feminista, Núm.30, pp.12-34.      
Rich, A. (1976). Nacemos de mujer, la maternidad como experiencia e institución. Madrid: Traficantes de sueños. 


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