Las otras experiencias de la maternidad
Isabel Domínguez Álvarez
En la actualidad se ha luchado por problematizar los
roles y los estereotipos de género sobre todo aquellos que no permiten que las mujeres
tengan un libre desenvolvimiento. Si bien algunos estigmas que recaen sobre la
figura femenina se han cuestionado y poco a poco eliminado otros permanecen a
pesar del tiempo. La maternidad como construcción social está llena de símbolos
que usualmente no son cuestionados por lo que es indispensable visibilizar las
experiencias de las mujeres con la condición de madres que no se encuentran
dentro de la maternidad hegemónica. Definiendo la maternidad hegemónica como la
construcción social de la maternidad en un contexto socio-cultural específico,
visualizándolo como un modelo de maternidad donde las mujeres madres se sientes
satisfechas, provén de amor incondicional a sus hijas o hijos, son abnegadas y
disfrutan plenamente de su maternidad. En el presente ensayo se plantea conocer
que la maternidad es compleja ya que no es una sola y no se vive de la misma
manera, ya que no todas las mujeres viven la maternidad en el mismo contexto.
La raza, la clase social, la orientación sexual, el estado civil, la
escolaridad, la situación laboral, la religión, la edad, el número de hijos e
incluso las circunstancias que las llevaron a
convertirse en madres son algunos de los factores que convierten la
maternidad en una experiencia subjetiva pero que al mismo tiempo es social.
El destino de las mujeres
Es considerado socialmente que la capacidad biológica
de las mujeres de engendrar, parir y amamantar viene acompañada de un instinto
maternal natural y por lo tanto de la capacidad de cuidar y criar hijos e
hijas. El cuerpo y la maternidad están
estrechamente relacionados ya que una buena parte de la validación de que
existe un “instinto maternal” que tarde o temprano se desarrollara en todas las
mujeres biológicamente capaces de tener hijos (e incluso las que no), radica en
que las mujeres son las que tienen la obligación de seguir reproduciendo a las
futuras generaciones y así perpetuar la especie humana, sin embargo el discurso
biologisista acerca a las mujeres a la condición animal. Al parecer la misma
explotación que obliga a las hembras de otras especies a concebir y parir la
perciben las hembras humanas.
A las niñas desde pequeñas se les educa para ser
madres, a partir de los juegos, juguetes, la publicidad, los cuentos, el
mensaje es que el destino de las mujeres es ser madre y que eso no tiene por
qué ser cuestionado. En la propia celebración del día de las madres se suelen
regalar electrodomésticos descartando a las mujeres madres como sujetos independientes
del trabajo doméstico y el cuidado. Esta problemática pasa desapercibida la
mayoría de las veces ya que por años se ha normalizado la imposición de la
maternidad.
Maternidad Hegemónica
Existe un modelo de maternidad que se presenta como
predominante en el imaginario colectivo, en el que se asegura a las mujeres que
bajo la condición de madres van a sentirse completas, realizadas e incluso se
promete que con un hijo en brazos se puede llegar a superar la orfandad y malas
condiciones. En este modelo las madres deben de dar todo por sus hijos, ser
amorosas, abnegadas, dedicadas al cuidado y aunque pasen por dificultades e
incluso su maternidad no sea deseada nunca deben de arrepentirse de su
condición porque para la sociedad “ser madre es lo mejor que le puede pasar a
una mujer”. Este modelo es parte de maternidad ha mitificado y cargado de
símbolos la figura de la madre, creando un imaginario colectivo en la que las
madres tienen la obligación de tener determinadas características para
considerarlas aptas.
La construcción social de la maternidad ha normalizado
que las mujeres no cuestionen la maternidad ni antes ni después de tener hijos.
Incluso es difícil hablar sobre los motivos que inclinaron a las mujeres a
tomar la condición de madres.
El trabajo que
implica ejercer la maternidad
Los seres humanos dependemos de nuestra madre desde el
primer momento de nuestras vidas. Las mujeres madres obtienen nuevas
responsabilidades pero no solo eso, sino que su mente y cuerpo cambian para siempre.
El convertirse en madre es ser para otros, pues el
trabajo maternal exige ser consciente de las necesidades de los hijos y
priorizarlas ante todo. La maternidad es una condición que durara toda la vida
y al contrario de la paternidad (porque a los padres si se les permite
ausentarse) no se encuentran momentos de descanso, a pesar de que los hijos e
hijas ya no estén con su madre, procurar su cuidado es una contante. Las madres
no se dedican únicamente a satisfacer las necesidades físicas de los hijos también
dedican su tiempo a enseñarles respecto a
la vida social “si bien la reproducción biológica se sabe compartida por
ambos sexos, la reproducción social se asume como la responsabilidad de las
mujeres” (Palomar, 2004). El trabajo maternal no solo implica el cambio en el
cuerpo y la mente de las mujeres sino que también involucra una entrega total a
otro ser humano desde que nacen los hijos o hijas.
Ambivalencia maternal
Como toda experiencia, la maternidad también provoca
sentimientos de ambivalencia. Que las madres sientan emociones o sentimientos
opuestos no quiere decir que no disfruten de la maternidad, precisamente se
trata de una experiencia que no se disfruta todo el tiempo “son muchas
las que, con distintas edades y niveles económico-sociales dan cuenta de un
malestar innombrable: la frustración que sienten frente a la maternidad”
(Burin, s.f.). De acuerdo con a lo que se dijo anteriormente el trabajo
maternal es sumamente exhaustivo, también provoca dudas y desilusiones.
Si bien socialmente es aceptado que en la maternidad
se viven momentos que no son tan satisfactorios también se considera que todo
sacrificio materno vale la pena, un dictado social que no permite la queja de
las mujeres madres pues se termina legitimando que todo sufrimiento vale la
pena si se es madre porque precisamente esa es la “naturaleza” de las mujeres
en esa condición.
Arrepentimiento, una palabra que no existe para las
madres
La ambivalencia y el arrepentimiento son emociones
distintas. Está claro que las madres no siempre disfrutan de su maternidad y
que existe la ambivalencia, sin embargo no todas las mujeres están arrepentidas
de su maternidad. El arrepentimiento en algunos aspectos de la vida como en el
derecho se contempla como algo virtuoso, quiere decir que quien cometió una
pena esta consiente de su delito, pero para las madres es distinto.
Arrepentirse de ser madre es tener el deseo de volver atrás y cambiar la
condición de madre a la condición de madre de nadie. Para la sociedad suena
escandaloso e incluso puede ser que consideren que las madres arrepentidas son
monstruosas, mujeres desnaturalizadas aún más egoístas que las propias mujeres
que no quieren ser madres. Antes de condenar a las mujeres arrepentidas de su
condición de madres la sociedad tendría que estar consciente de que una mujer a
pesar de estar arrepentida de ser madre puede amar a sus hijos pero también que
cuestionar la maternidad no es común en una sociedad como esta.
Es difícil para las madres decir que están
arrepentidas cuando la sociedad les exige que callen, porque las madres
arrepentidas están enfermas ya que se ha reglamentado la maternidad según los
estereotipos de género y la maternidad hegemónica. Algunas mujeres manifiestan
que si pudieran regresar el tiempo no cambiarían su condición de madre y es
válido aunque posiblemente ni siquiera se permiten hablar del arrepentimiento,
no obstante ¿Cuántas madres se sienten arrepentidas en cuanto a su maternidad y
se ven obligadas a callar?
Buena madre, mala madre
La maternidad está dividida en dos partes
complementarias pero separadas, existen dos tipos de madres: las buenas y las
malas “se les dicta desde el punto de vista social cómo deberían de llevar la
relación con sus hijos para ser consideradas “buenas mujeres” y “buenas madres”,
como personas y seres morales” (Donath, 2016) mientras que se categorizan como
malas madres a las mujeres que no atienden el mandato moral. Sabemos que las
madres pueden lastimar a sus hijos e hijas no solo físicamente también
psicológica y emocionalmente inclusive pueden llegar a matarles pero la
sociedad no considera únicamente a las mujeres que dañan a sus hijos como malas
madres. Asimismo las madres que ejercen la maternidad fuera de la normatividad
son consideradas como malas madres.
La dicotomía que representa la “buena madre” y la
“mala madre” está directamente relacionada con la construcción social de la
maternidad aunque se encuentren solas para criar a un hijo la sociedad siempre
estará pendiente de cómo se comportan, si son buenas o malas madres
convirtiendo la maternidad en una experiencia difícil que no solo es subjetiva
sino que también tiene una parte social.
Condiciones subjetivas de la maternidad
La maternidad es una experiencia subjetiva, cada mujer
vive un proceso diferente como madre. Las mujeres con condición de madres se
encuentran en diferentes contextos lo que implica que su maternidad sea más o
menos sencilla. No es lo mismo para una mujer de clase baja que tiene que
trabajar y dedicarse al cuidado todos los días sin descanso que una mujer de
clase alta que puede pagar quien cuide a sus hijos y haga el trabajo doméstico.
El estado civil y la edad en la que se convierte en madre una mujer solo es una
parte crucial para entender el proceso subjetivo que vivieron ya que tuvieron
más o menos ayuda e incluso más responsabilidades.
Condiciones sociales de la maternidad
La maternidad además de ser una experiencia subjetiva
también es una experiencia social, la sociedad está en constante vigilancia de
la labor de la crianza, el cuidado y de los sentimientos de las madres y de sus
hijos.
Las mujeres se sientes presionadas por la sociedad
para comportase de una manera específica con sus hijos “es cierto que la madre
sirve a los intereses del patriarcalismo: así, ejemplifica en una sola persona
la religión, la conciencia social y el nacionalismo. La maternidad
institucionalizada revive y renueva todas las demás instituciones” (Rich, 1986)
y eso es lo que intenta la sociedad al presionar a las mujeres madres
reproducir los sistemas y las instituciones sin permitir a las mujeres tomar
sus propias decisiones en la educación y crianza de los hijos ya que como
responsables tienen que reproducir los dictados sociales.
Conclusión
El mito de la maternidad y el modelo de maternidad
hegemónica no permiten que las mujeres tomen decisiones libres sobre sus
cuerpos y vidas sin ser juzgadas, las mujeres tienen que cargar con más
responsabilidades morales y sociales que los hombres, entre ellas se encuentra
el ser una “buena madre” un trabajo que dura toda la vida. Socialmente la
maternidad debe de ser cuestionada y reflexionada además de considerada como
una opción y no una imposición. Hace falta que más mujeres cuenten sobre su
experiencia siendo madres para conocer más contextos en los que se puede vivir
esta condición. El propósito no es cambiar unos estereotipos por otros sino
permitir que las mujeres decidan libremente sobre sus cuerpos y que las madres
tengan la oportunidad de criar y cuidar
a sus hijos como creen conveniente. La sociedad en conjunto así como la familia
y las parejas de las mujeres deberían de
cambiar y dejar de estigmatizar a las madres que sientes emociones ambivalentes
o arrepentimiento al mismo tiempo que la maternidad no debería de ser una
condición que oprima a las mujeres. Es indispensable que el cuidado y la crianza
no recaigan en una sola persona ya que esto puede contribuir a lograr una
sociedad más justa.
Bibliografía
Burin,M. (Sin fecha). Compartir la experiencia
maternal permite crear vínculos más saludables entre la madre y sus hijos. Mayo
19, 2019, de La Jornada Sitio web: https://www.jornada.com.mx/2004/03/01/articulos/67_maternidad.htm
Chodorow, N. (1980).Maternidad dominio masculino y
capitalismo. En Patriarcado capitalista y feminismo socialista (pp.102-124).
México: Siglo XXI.
Donath, O. (2017).Caminos a la maternidad: lo que
dicta la sociedad. Madres arrepentidas pp.60-61. Ciudad de México: Litografía
Indamex.
Palomar, C. (Octubre, 2004). "Malas madres”: la
construcción social de la maternidad. Debate Feminista, Núm.30, pp.12-34.
Rich, A. (1976). Nacemos de mujer, la maternidad como
experiencia e institución. Madrid: Traficantes de sueños.
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