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miércoles, 27 de mayo de 2020

EPISTEMOLOGÍA DE LA COMPLEJIDAD


Desfragmentación del conocimiento

Osmar Alejandro Ruelas Jara

La propuesta de Edgar Morin es bastante interesante a pesar de que note ciertas contradicciones o implicaciones que quizá el no consideró, pero lo que vuelve rescatable el texto es precisamente que el mismo señala que en estos intentos de conocimientos pueden (y hasta cierto punto deben) tener contradicciones, las cuales deben ser cuestionadas y reflexionadas para llegar a la profundidad de su planteamiento para ir agregando demás elementos que vuelvan más completo el tema; no señalarlas como errores que simplemente habrá que desechar para buscar uno nuevo.

Me gusta que replantea el papel del investigador al recordarnos que nunca será posible separarnos de la realidad social para estudiarla, por el contrario, reconocer la participación de nuestra subjetividad al involucrarnos cambiará necesariamente a nosotros mismos y a la investigación como tal. Pero yo creo que esto se llevando hasta sus últimas implicaciones, pues parece que esa reflexión se ha vuelto un prerrequisito que anotan los investigadores en sus introducciones y ya no se vuelven a cuestionar a sí mismos, como si eso fuera esta una justificación para contradecirse sin darse cuenta con la supuesta intención de que quienes hayan pagado su libro las noten.

En cuanto a lo sistemático y lo relacionado con el caos existente tanto dentro de nosotros mismos como en el sistema como tal (claro, en una relación dialéctica) creo que debió ahondar un poco más en esa unión científica en general para que lo científico dejen de ser esas formas academicistas donde es importante citar a varios autores en un intento absurdo de argumentar nuestra subjetividad.

domingo, 16 de febrero de 2020

La epistemología de la complejidad

Carolina Ojeda Aldrete
Edgar Morin cuestiona la complejidad haciéndola más compleja, que paradójico, ¿no? Sin embargo, pocas veces me había cuestionado que había detrás de decir o denominar algo como complejo, ya sea en el ámbito académico o la cotidianidad. De hecho, Morin explica que no hay fenómeno simple, no podemos reducir nada; todo lo que observamos es un espiral, un infinito que no terminaremos de conocer, aunque si lo describimos así pierde sentido todo, posicionando a la complejidad como –siguiendo a Edgar– una irracionalidad, como incertidumbre, como angustia, como desorden.
            Sin embargo, creo que hay algo más allá, relacionado a lo que dice el autor. No debemos reducir lo complejo a lo complicado, aunque no terminemos de conocer algo, es importante conocerlo desde cualquier perspectiva. A pesar de mi creencia, la complejidad vive en contrastes, “contradicciones”; la ciencia del humano se limita a entender todo en una sola parte y proclamarlo como verdad absoluta, así se identifica el saber científico que es lineal. 
            Ante toda esta problemática ‘compleja’, Morin explica que es crucial concebir la complejidad como la relación entre partes y todo. El ejemplo más claro –en especial para los científicos sociales– que pone el autor es cuando explica que las interacciones entre individuos son las que producen la sociedad; pero es la sociedad la que produce al individuo. A pesar de las relaciones que hace Edgar Morin, las ciencias sociales y humanas siempre se han visto limitadas a la simplificación, a reducir al hombre sin ser, por la influencia de las ciencias naturales. He aquí, desde mi perspectiva, uno de los mayores errores de esta disciplina, querer simplificarse ante las exigencias de ciencias que siempre reducen todo, sin embargo siempre existe un contexto que “justifica” todo.
            Uno de los mejores aportes que brinda Morin es cuando explica cómo el conocimiento puede contener contradicciones y menciona que si:
La cuestión está en saber si la aparición de una contradicción es signo de error, es decir, si es necesario abandonar el camino que ha conducido a ella o, si por contrario, nos revela niveles profundos o desconocidos de la realidad […] en el corazón del problema de la complejidad, anida un problema de principio de pensamiento o paradigma, y en el corazón del paradigma de complejidad se presenta el problema de la insuficiencia y de la necesidad de la lógica, del enfrentamiento "dialéctico" o dialógico de la contradicción. 
El conocimiento seguirá plagado de incertidumbres, de errores y contradicciones, pero por eso es necesario buscar, conocer, y descubrir lo complejo del saber. El mismo Morin dice que la ausencia de complejidad en las teorías está ella misma ligada a que el problema de lo paradigmático remite a algo muy profundo en la organización social, a nuestra forma de ver el universo.  
            Finalmente, el autor nos alumbra el camino del saber diciendo algo paradójico: hay un principio de incertidumbre en el fondo de la verdad. Al investigar o indagar, el querer proponer siempre tendrá implícito una complejidad, una verdad o un error, pero es necesario conocer. No debemos reducir la realidad, lo que somos ni nuestro ser a algo tan simple, porque vulgarizamos y profanamos ante nuestra esencia.

sábado, 27 de enero de 2018

La epistemología de la complejidad. Edgar Morin




Argenis Parral Lara.            


En realidad, lo que dice el autor tiene sentido en cuanto a que muchas son las cosas, los objetos, los estudios, las metodologías, las teorías, los pensamientos filosóficos, las ideologías del mundo, etc., las que muchas veces nosotros viralizamos y conocemos, pero no nos ponemos a pensar qué es lo que hay más allá de ellas, es decir, solemos conformarnos con lo que se nos dice sin siquiera meditar o sin tratar de entender lo que se nos está diciendo (o enseñando) acerca de algún tema, y cuando tal sucede no podemos ni sabemos analizar la complejidad que denota la formulación y la estructura de cada una de estas cosas, porque no se le ocurrieron a algunos sujetos locos así de la nada, sino que después de tanto estudio, métodos, comprobación y demás es que llegan a diferentes teorías para tratar de explicar y de justificar sus posturas subjetivas que muchas veces se enseñan como objetivas.
La complejidad de las cosas se ve en todos lados y con cualquier situación, nosotros podemos tener en nuestras manos un teléfono celular de hace unos 10 años, y sin embargo, podríamos manejarlo de una manera muy sencilla pero sin si quiera saber los circuitos que lo hacen funcionar, lo que hay de dentro del teléfono y lo conforma, el tiempo que le costó a los fabricadores del celular fabricarlo, incorporarlo a una compañía por medio de un chip igualmente hecho con códigos y cosas propias, cositas que nosotros no vemos o nos interesa ver porque sencillamente solamente queremos el teléfono para conocerlo, saberlo usar, saber jugar con él y para comunicarnos. Hoy en día la mayoría de las personas tienen un celular y algunas de ellas no lo utilizan para llamadas o mensajes (SMS), sino para navegar y bobear en internet, lo cual llama la atención que el uso original del celular que es la comunicación como la de un teléfono en casa, solo que a éstos se les llama móviles por lo mismo que sirven para comunicarse estando en cualquier lado y no solamente en el hogar. Uno en estos tiempos no se pone normalmente a meditar que originalmente el celular sirve para comunicarse y no para meterse a internet, no porque no lo sepan, sino porque eso ya no importa.
Esta complejidad de las cosas las vemos en cualquier lado, en casa, en la escuela, en el trabajo, en la manera en la que nos relacionamos con los demás, en los ritos religiosos, en la política, en la manera en la que se hace un plan de estudios, en la estructuración de un idioma, etc., aunque eso sí, muchas veces nosotros pensamos tener la razón sobre ciertas cosas que no son lo que nosotros pensamos, podemos creer o imaginar que la realidad de algún asunto es esto cuando en realidad es este otro, y así, por más que hablemos tan retóricamente para hacerle ver a otros nuestra equivocada postura acerca de algo y estos otros se la creen, no significa que aquello que recibieron y aceptaron como real sea real, así muchos se van con esa finta y piensan estar más cultivados que aquellos que no hayan aceptado esa postura por tener otra que, en ciertos casos, puede tener la razón.

Entonces pues, debemos aprender a mirar el mundo con muchas miradas y no mirar únicamente de una única manera, tenemos que estar abiertos a lo que se dice de alguna cosa desde diferentes puntos de vista para que, así conociendo esos puntos, sepamos discernir bien cuál es la que más se aproxima a la realidad (o el que da con la realidad). El conocimiento cuesta, sí, es complejo en sí mismo, la complejidad es compleja de entender porque no se trata de ser conformistas, sino de ir más allá de lo que nos han contado y atestiguar si en realidad se ve aquello que se nos enseñó que era verdad y que muchas veces no lo es.